Guardiola y el arte del descarte
Si algo sorprendió a muchos en la llegada de Guardiola fue su actitud tajante con respecto a los descartes del equipo. Desde un primer momento, el míster decidió prescindir de las 'ovejas negras' -término que pasará a la historia gracias a Edmilson-, dando vía libre a Deco, Ronaldinho y mostrándose partidario de vender a Eto'o. Giovani dos Santos también tuvo que salir. La sensación era que cracks que habian encumbrado al Barça estaban siendo regalados y Rijkaard, que no tuvo mano dura, ya sabía lo que había.
Mientras tanto, Pedrito y Busquets salieron a la luz, haciéndose con un rol importante dentro del equipo. Guardiola tuvo que cargar con Eto'o, del que rápidamente admiró su capacidad de trabajo. Henry fue su gran apuesta y, en la línea defensiva, Piqué se convertiría en jugador revelación, con Márquez al máximo nivel y Puyol mostrando su polivalencia. La grandiosidad de los pequeñitos -Xavi e Iniesta- no hizo más que mejorar, tirando por la borda la fútil teoría de que no debían jugar juntos. A lo suyo estaba Messi, camino del Balón de oro.
¿Y Guardiola? Ha hecho algo difícil, pero ahora tendrá si cabe un reto mayor: hacer de esta plantilla un equipo legendario y ganador permanente.
Los aficionados sólo piden ahora que los fichajes que refuercen la plantilla funcionen mejor que Martín Cáceres y Hleb, que estuvieron un escalón por debajo del rendimiento general del equipo.








