El Barça, un ejemplo a seguir
Está claro que existen estadios más respetuosos que otros, pero en la mayoría existen minorías que difunden gritos racistas. El gobierno impulsó unas medidas de protocolo contra el racismo que los estamentos futbolísticos han incumplido, cosa bastante grave.
Joan Laporta, desde que asumió el cargo en 2003, decidió no dar la menor tregua a los Boixos Nois, peña radical que había vivido al amparo de antiguos presidentes. Laporta impuso la tolerancia cero, recibiendo amenazas en el Camp Nou y llegando hasta el punto de que la familia necesitase guardaespaldas.
Abanderado en la lucha contra el racismo, el Barça recibe ahora elogios pero, el sábado, en su diario gratuito repartido en el Camp Nou, avisó de la dificultad de erradicar el problema y la necesidad de colaboración de todos.
Es necesario considerar que las actitudes racistas son individuales y, por tanto, difíciles de controlar. Es necesario una lucha de todos y no afrontarlo desde la soledad. El esfuerzo debe generalizarse y todos los clubes comprometerse; no obstante, para que los progresos se consoliden es necesario que los estamentos del fútbol cumplan la legislación vigente.








