Viajábamos eufóricos camino de Ourense por las tres victorias consecutivas (nunca había ocurrido en toda la temporada) y con ánimo de sacar un buen resultado de tierras ourensanas; por cierto, muy frías el sábado 25 de febrero. Por el camino, el autobús se topó con la nieve y las ideas de nuestro equipo pudieron haberse congelado.
Antes del comienzo del partido el ambiente no era el más idóneo; por muy raro que parezca, los balones no eran los más adecuados y el campo no ayudaba a ambos conjuntos. El equipo ourensano, a pesar de estar por debajo en la clasificación, se mostró con ganas de rematar el partido rápido y a la salida de un córner se adelantó en el marcador. Las cosas se pusieron mal para nosotros, pero el empate pudo llegar si Sergio hubiera marcado en una clara ocasión. Se estaba corroborando que las ideas estaban congeladas y sólo por la banda izquierda (Pablo y Fon estuvieron fenomenal) se creó algún peligro.
En el comienzo de la segunda mitad el campo se hizo impracticable en muchas zonas y, aunque las ocasiones llegarían por nuestra parte, el juego desplegado no se correspondía con nuestras posibilidades. Cuando faltaba poco para acabar el partido, tras una jugada por la banda izquierda del Orense e inoperancia de la defensa (principalmente yo),el balón acabaría en el fondo de las mallas. Todos teníamos en la cabeza marchar para los vestuarios, ya que el frío hacía insoportable estar en el terreno de juego.
Quedó claro que las bajas temperaturas congelan las ideas, y lo más grave: cuatro horas de viaje entre ida y vuelta para acabar con más de una gripe y escaldados porque el Ourense nos pisa los talones.